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TERROR.

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I. La mano con uñas largas y negras que asoma detrás del espejo. Una cara sin ojos o unos ojos brillando en la oscuridad. Una sábana con forma humana que arrastra cadenas y desamores. El crucifijo que daña a los vampiros más díscolos, a las brujas que vuelven tarde a casa. Los monstruos que se pasan la noche abriendo y cerrando la puerta del armario. La niña que vomita y baja las escaleras del revés porque no quiere hacer los deberes. La respiración del asesino deformado que mueve el picaporte de tu puerta. El cuchillo y la cortina de la ducha, el vaso poniendo rumbo hacia el sí. Un grito a las tres en punto de la madrugada. Un resplandor, un muerto levantándose. Un cuadro que se cae de repente. Un fantasma que te mira mientras duermes. II. Los políticos corruptos y repetitivos. La política, aburrida en el peor sentido. El telediario, con su retahíla de mujeres asesinadas. Las Belenes Esteban, los que quieren ser Paquirrín. El chismorreo de pueblo...

ELLA Y ÉL.

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Ella durmió en casa de sus padres. A él lo fueron a buscar unos amigos. Dicen que él bebió alcohol para desayunar, en cambio ella fue cauta, como casi siempre. Él llegó primero, borracho e impaciente. Trémula y hermosa, embarazada, llegó ella. Blanca con retazos rojos era ella, color vino y camisa blanca era él. Las cosas han cambiado desde entonces. Él dio un discurso que sólo ella entendió. A ella le emocionaron sus palabras. Él jamás pensó verse en una situación así, ella llevaba toda la vida preparándose. Él se esforzó por no parecer un impostor, ella por no parecer tan innegable. Hubo fotos, en todas aparecen sonriendo. Él tardó en llegar al brindis, cosa rara. Ella lo esperó en la puerta. Cuentan que después de los vasos al aire él continuó la borrachera mientras ella bebía cócteles sin alcohol, yo no les sabría decir, siempre los vi riendo entre la gente. Él le regaló todos sus poemas, escritos a mano en el cuaderno que ella le compró hace tanto. Ella desapareció durante do...

MORTAL SIN EXPLICACIÓN.

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   Para aquella que está empezando a comprender que los sueños casi nunca se cumplen. Es difícil ser el mismo todos los días. Elegir el camino menos empedrado, darle los buenos días al vecino, pagar facturas, tributos, devengos, sonreír a las decisiones estúpidas, volver del trabajo con buena cara. Es difícil sostener la vida algunos días. Cambiar sueños por un sueldo a primeros de mes no es lo que pactamos aquella tarde en la que te encontré tumbada en el parque. Quería que todas las noches me pertenecieran, arrojar al viento con ademanes impúdicos palabras inútiles, también llamadas poesía. Armado con delgadez y revolución haría de mi último día en la tierra lujuria y fuego del infierno que me esperaba. No le temía a nada, a nadie, excepto a ti. Por eso pronto empecé a decir sí, asentía frente a obligaciones del común, un amargor se instaló en mi paladar, y de repente un extraño me ordenaba, el tiempo era un mar inasible y lejano, los deseos espuma de cerveza sin al...

POESÍA II. UNA CUENTA IMPAGABLE.

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Te he visto caminando por la calle en horas exclusivas de borrachos. Volviendo, con el amanecer en la mano, de fiestas subversivas y lisérgicas. Manirrota y despiadada, imprudente, de pelo ceniciento, casi olvidadizo. A punto de acercar fuego a gasolina, de hacer arder la vida que no elegí. Te he visto sobre altares paganos, rodeada de flores delicadas, olías a perfume de alabastro, sólo los más inteligentes te adoraban. Enferma, sobre una cama séptica, con dedos amarillos de alquitrán, temblabas por un último trago, rodeada de gente suburbial. Te he visto frágil en el flexo de aquel que quiere ser poeta. Te he visto poderosa en el corazón con bala del verdadero poeta. Intercediendo entre mi dedo y el gatillo, entre mi cuello y el trenzado de la soga. Pusiste una metáfora como barrera cuando tropecé al borde del precipicio. Me salvaste la vida en tantas ocasiones que te debo una cuenta impagable. Mi sangre y mi saliva, mi navegar. Estos huesos malac...

DESCONOCIDO.

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El otro día lo vi, conducía un coche blanco y deportivo, los últimos rayos de la tarde explotaban en la refulgente carrocería. Paró cerca de mí al verme. ¿Subes? Lleva la ventanilla bajada, el cenicero lleno de colillas. Una vez dentro me ofrece un cigarrillo. Gracias, no fumo. Tiene el pelo engominado, viste una gabardina negra, de cuero, los puños de la camisa asoman por la manga, son blancos, como el coche. Fachada oscura, cándido interior. La música hace retumbar el espejo retrovisor como un pequeño terremoto sinfónico. La gente mira cuando pasa por cualquier calle. Él no hace caso. Hay una guitarra en el asiento de atrás, está aprendiendo solo, dice, le gustaría tocar algún día, dedicarle canciones a la chica que le gusta. Cuando para en los semáforos tamborilea el salpicadero al ritmo de un flamenco que habla de suspiros. Canta por lo bajini. Huele a libertad, ese aroma a despreocupación e irresponsabilidad. Ha quedado con sus amigos para emborracharse y reír. Le gusta baila...

EL PRECIO DE VIVIR.

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        Un rasguño de llanto inconsolable. El daño barato e injusto. Las lágrimas en una habitación de hospital, en una casa imposible de pagar. Un adiós con la hoja afilada. Una urgencia convertida en susto. El estrés del reloj, con sus minutos desaprovechados. La soledad de las tardes de domingo, o el desapego de quien una vez amaste. Una caída sobre la tierra seca, sobre el cemento caliente, sobre el lodazal húmedo y nauseabundo. La quemazón de quien ha estado mucho tiempo expuesto al amor. El olvido de los otros, las tonterías que hacemos para que ese olvido no germine. Un grito que pide ayuda. La mejilla encendida por una bofetada, el brazo malva por el agarre de quien no nos dejaba marchar. Las fotos de aquellos que nunca serás tú, felices en ciudades extrañas. La perfidia de los enemigos que no elegimos. El reflejo cuando alguien levanta la mano. La felonía de tu amigo. El dolor que regalamos al inocente, la risa que otorgamos a quien no lo merecía. L...

TELEDIARIO.

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La mujer muerta a manos de su marido.  El niño que mató a sus padres y luego hizo un baile de Fornite.  El canibal que guardaba a su vecino en tuppers.  Una ballena varada con kilos de plástico en el estómago.  La modelo famélica le es infiel al torero  con un tronista analfabeto.  Otra mujer asesinada, esta vez por su novio celoso.  El incendio provocado por un pirómano falto de cariño.  Los padres que piden justicia por la desaparición de su hijo.  La policía buscando pistas en la basura.  El político pide votos, el político promete,  el trabajador pierde.  El comisario casposo y su cuaderno acusador, y su lengua viperina.  Nuestra señora de Paris es humo y pavesas góticas, Quasimodo llora desconsolado.  Tercera mujer muerta en lo que va de mes, el asesino: un ex amante despechado.  El jugador de fútbol que no mete y hay que venderlo....