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Entradas

DESCONOCIDO.

El otro día lo vi, conducía un coche blanco y deportivo, los últimos rayos de la tarde explotaban en la refulgente carrocería. Paró cerca de mí al verme. ¿Subes? Lleva la ventanilla bajada, el cenicero lleno de colillas. Una vez dentro me ofrece un cigarrillo. Gracias, no fumo. Tiene el pelo engominado, viste una gabardina negra, de cuero, los puños de la camisa asoman por la manga, son blancos, como el coche. Fachada oscura, cándido interior. La música hace retumbar el espejo retrovisor como un pequeño terremoto sinfónico. La gente mira cuando pasa por cualquier calle. Él no hace caso. Hay una guitarra en el asiento de atrás, está aprendiendo solo, dice, le gustaría tocar algún día, dedicarle canciones a la chica que le gusta. Cuando para en los semáforos tamborilea el salpicadero al ritmo de un flamenco que habla de suspiros. Canta por lo bajini. Huele a libertad, ese aroma a despreocupación e irresponsabilidad. Ha quedado con sus amigos para emborracharse y reír. Le gusta bailar e…
Entradas recientes

EL PRECIO DE VIVIR.

Un rasguño de llanto inconsolable. El daño barato e injusto. Las lágrimas en una habitación de hospital, en una casa imposible de pagar. Un adiós con la hoja afilada. Una urgencia convertida en susto. El estrés del reloj, con sus minutos desaprovechados. La soledad de las tardes de domingo, o el desapego de quien una vez amaste. Una caída sobre la tierra seca, sobre el cemento caliente, sobre el lodazal húmedo y nauseabundo. La quemazón de quien ha estado mucho tiempo expuesto al amor. El olvido de los otros, las tonterías que hacemos para que ese olvido no germine. Un grito que pide ayuda. La mejilla encendida por una bofetada, el brazo malva por el agarre de quien no nos dejaba marchar. Las fotos de aquellos que nunca serás tú, felices en ciudades extrañas. La perfidia de los enemigos que no elegimos. El reflejo cuando alguien levanta la mano. La felonía de tu amigo. El dolor que regalamos al inocente, la risa que otorgamos a quien no lo merecía. Las zancadillas del vecino, y e…

TELEDIARIO.

La mujer muerta a manos de su marido. 
El niño que mató a sus padres y luego hizo un baile de Fornite. 
El canibal que guardaba a su vecino en tuppers. 
Una ballena varada con kilos de plástico en el estómago. 
La modelo famélica le es infiel al torero  con un tronista analfabeto. 
Otra mujer asesinada, esta vez por su novio celoso. 
El incendio provocado por un pirómano falto de cariño. 
Los padres que piden justicia por la desaparición de su hijo. 
La policía buscando pistas en la basura. 
El político pide votos, el político promete,  el trabajador pierde. 
El comisario casposo y su cuaderno acusador, y su lengua viperina. 
Nuestra señora de Paris es humo y pavesas góticas, Quasimodo llora desconsolado. 
Tercera mujer muerta en lo que va de mes, el asesino: un ex amante despechado. 
El jugador de fútbol que no mete y hay que venderlo. 
El actor porno que de tanto meter es hallado muerto con látex en la garganta, con el falo aún en ristre. 
A un muchacho le recetan una puñalada  por…

LAS NIÑAS DE PAPÁ.

Las niñas de papá siempre tienen razón
y muchos seguidores en Instagram.
Tras sus pasos andan los tíos buenos,
las feas que buscan algo de belleza.

Sus madres han de contratar detectives privados
que les informen de esas noches caucásicas
que viven las niñas de papá, donde todo y nada
se parece a un boceto mal pintado de Picasso.

Las niñas de papá juegan con los rayos del sol
mientras caminan por la calle,
mientras hablan contigo y fingen
prestar atención a tus vanos intentos de seducción.

Muy firmes y seguras son las niñas de papá,
beben ginebra de la botella más alta del anaquel,
muchachas impúdicas y apasionadas
creyendo que la vida es un talón en blanco.

Las niñas de papá sólo visten desenfreno firmado,
altos tacones espaciales, logotipos de engaño y oropel.
Las niñas de papá agonizan en los escaparates
de las avenidas más pijas de París.

Las niñas de papá viajan por el mundo
en aviones baratos y peligrosos,
conociendo todo tipo de personas
que más pronto que tarde olvidarán.

Las…

NADA VOLVERÁ A SER IGUAL.

Las noches con sus ojeras desmesuradas.
Los días con sus eternos e inciertos soles.

Mis libros y las horas intempestivas para leerlos.
Mis poemas y los oídos a los que van dirigidos.

Las alegrías de los viernes por la noche.
Las tristezas de los ásperos lunes.

Mi embriaguez festiva y facilona.
Mi sobriedad de la que no quiero ser amigo.

El sueño que creía inmutable y dejó de serlo.
Las pesadillas febriles con monstruos en el armario.

Mis inútiles mentiras, ya olvidadas.
Mis verdades que no convencieron a nadie.

Las heridas abiertas e imaginarias.
La mercromina que cura y es tu sonrisa.

El tiempo que nunca más será perdido.
El espacio, diminuto de repente.

Las monedas de mi bolsillo no gastadas en derroche.
El oro que acuñé reposando en las estanterías.

La vida, tan dolorosa como siempre,
la muerte, con la que no quiero tratos.

Mi derrota tan cacareada, tan remediable.
Mi victoria, que lleva nombre de mujer.

Los motivos por los que vivir,
por los que continuar luchando.

       Marcos …

CERVANTES BIEN VALE UNA MISA.

Hay una pareja esperando en la puerta de una iglesia, son las nueve de la mañana y no abren. Él lleva una mochila medio vacía, ella tiene el pelo recogido. Están impacientes y hace frío. La noche anterior compraron un libro de segunda mano en la librería de enfrente, esas librerías antiguas, familiares, de dos pisos, donde hay que llamar a un timbre antes de entrar. La pareja entró sorprendida, mirándolo todo como dos pueblerinos en su luna de miel. Al ir a pagar él preguntó, ¿Sería posible ver la tumba de Cervantes? Abren cuando quieren, pasaros en horario de misa pero es muy difícil, contestó el librero harto, supongo, de responder a la misma pregunta todos los días. Regresaron al hotel mirando el nombre de las calles, las placas de los edificios, las letras en el suelo, con la intención de madrugar, Cervantes bien vale una misa.  Ahora él está llamando al timbre del convento, por la puerta sale un tipo gordo diciéndole a los que parecen sus padres que se apresuren, que ha quedado …

HIJOS DE LA DESFACHATEZ.

Uno de los mejores libros que he leído es Viaje al fin de la noche. Su prosa delirante y audaz, tiene un capítulo que me hizo estremecer, habla de París, de la guerra, de la tristeza, pero sobre todo de la desesperanza. Es un suicidio tomarlo en serio. Lo escribió un medicucho de entreguerras, obtuso, pesimista, antisemita. Tal era su antisemitismo, su odio, que escribió tres artículos diciendo cómo y porqué nos teníamos que librar de los judíos, exigiendo pogromos y holocaustos por doquier. Louis Ferdinand Céline, así su nombre, el que todo lo veía negro e irremediable, el que creía que Hitler había sido reemplazado por un judío debido a su ablandamiento, fue un tipo repulsivo, denigrante, asqueroso, pero capaz de escribir esa obra maestra de la Literatura. 
Quiero decir que antaño existían hijos de la desfachatez y el histrionismo y la repugnancia, que aún así eran geniales en su arte. Extremismos con calidad, de los que algo nutritivo se podía sacar. Talentos al servicio del mal. …