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Paseos por Florencia.

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La inspiración reposa en la tumba de los artistas.  El síndrome de Stendhal es una escalera estrecha, sudorosa y caleidoscópica que nunca acaba. Los tejados bermejos y vetustos que ofrece el vértigo de Brunelleschi.  Las contraventanas abiertas al calor seco y alfombrado  de una calle mal empedrada, por la que pasa un cojo limosnero toreando el ansioso pitido de los coches eléctricos.  Y los cristianos con sus espadas relucientes al sol, rezando una letanía falsa e inmodesta.  Y los moros vendiendo baratijas luminosas y voladoras, surtiendo de cerveza fría a los borrachos como yo.  La niebla de incienso que sale de los templos y adormece al camarero que dispensa helados de colores.  María Magdalena entra repintada en la tabaccheria dispuesta a envilecer de humo a sus amantes.  Las palomas se alimentan de los bordes de las pizzas que los turistas tiran al suelo mientras hacen una cola más...

De recuerdos y despedidas.

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Son las 8 de la mañana y huele a tierra mojada. El cielo tiene la cara sucia, triste, como aguantando un llanto de tormenta. Desayuno lo de siempre, té y cacao con grumos, en la ducha mi mente ya empieza a barruntar la derrota. Hoy puede ser un gran día. Salgo de casa con sonrisa radiante, saludo en el ascensor al vecino somnoliento que sale a pasear con su chihuahua gritón en brazos. Muy buenos días tenga usted. Y el perro enano con cara de a este le pasa algo. Soy yo el que abre la puerta del portal cediéndoles el paso a la mañana nublada.  En la calle un chirimiri ablanda mi gomina chulesca, mi camisa blanca con ribetes rojos de las grandes ocasiones. El reloj corre endemoniado, la arena se desliza veloz hacia el depósito triangular de abajo, llenándolo de sequedad, produciendo un retraso en mi cita con la derrota. Abandono esta ciudad, ya de mediodía, demasiado pequeña para albergar semejante fracaso.  Desde Guadarrama se ve la nieve que aún guarda las m...

Cosas que aprendimos con el porno.

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 - ¿Sabes lo que es una teta?   - Uy, Sí.     The Simpsons.  Siempre hay un chica ligera de ropa esperando sola en casa al fontanero.  Otro polvo conocido como farlopa retrasa el tierno segundo del te quiero.  En esta industria se paga por gemido, aquí la buscona no es tan desorejada, sólo quiere aparecer en una portada  de la revista con la que se alivia el salido.  Los cines X son tugurios de calle estrecha, donde acude el soltero con gabardina y la madre luctuosa e insatisfecha a masturbarse lejos de la cruel rutina.  Si quieres dedicarte al porno, tus pezones serán mordidos por ojos ávidos e ilusos, también has de saber los diferentes usos de la palabra fuck y sus declinaciones.  Todo correcto en los primeros planos, hasta que el marido infiel desenfunda, provocando el desnudo a dos manos de la secretaria con garganta profunda.  Tres mejor que dos...

A la semana de todo menos santa.

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Hice un relato a mis 19, casi no ha llovido, sobre la Semana Santa. He intentado rescatarlo de mis papeles pero posiblemente acabó en la hoguera, me llevo fatal con lo que escribo, en fin, que el relato trataba sobre un personaje que va a la catedral de su ciudad, justo después de estas fiestas, para hablar con una talla de Cristo. El redentor le cuenta que se siente solo, que casi nadie lo visita ya, que después de la pompa y las flores todo acaba. Se queja y maldice de todos los quebradizos cristianos que llevaron a hombros un trozo pesado de madera y ahora olvidan. El prota, después de escuchar las inclemencias, abre la verja de la capilla y le ayuda a escapar. Los dos salen por la puerta del templo dejando atrás el incienso y su dogma innecesario. Y ahí puse la palabra fin.  Sería un mal texto supongo, y como no doy ni con sus cenizas, he fabricado el poema de abajo. A falta de pan, buenas son tortas. ¿Y esto por qué? Pues porque no aguanto la Semana Santa. La gente pe...

Mi furia ardiente.

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Él queda tendido en la calzada, casi no puede respirar. Yo subo al coche intentando no ponerlo todo perdido. Los nudillos y las botas llenas de sangre que no es mía. Con manos temblorosas llamo a emergencias, al colgar dejo la pantalla del móvil pintada de rojo. Creo que ha tenido suficiente. Si sale de esta no volverá a hacerlo. Mi suela aplasta su cabeza contra el asfalto. Se arrastra por el suelo, va dejando un reguero de sangre. Tiembla. Vuelvo a patearle el estómago, la bilis quema su garganta. Hay una mancha en la entrepierna de su pantalón. Está rendido. ¿Te ha quedado claro hijo de puta? Continúo pegando, mi rabia se desata ante el abuso a los indefensos. Él escupe esquirlas de dientes, sangre densa y negra como la injusticia. Miro hacia arriba, la noche se ha vuelto más oscura, es mi cómplice, tengo su beneplácito para seguir. Ojos de gatos me espían desde la maleza, satisfechos. Mi tibia le hace caer al suelo y retorcerse de dolor. Para, para ya por favor. Tiene la n...

Cuando duermo en tu cama.

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 " Ser mal poeta no implica una gran tara."              FBR.              Cuando duermo en tu cama aparece en mis sueños una ciudad de Francia, siempre ocurre, cierro los ojos y la veo, lejana, onírica, apacible, trabajosa.  No es París, no es Marsella, es una ciudad que huele a norte, y está cerca de un mar con escarcha.  Lo sé porque una brisa húmeda  juega a dejar frío en mis labios.  Los dos nos perdemos en busca de un hotel, hay fábricas expulsando humo gris hacia las nubes, al lado de un río huérfano de peces.  Llegamos muy temprano, siempre es viernes, y los niños de la misteriosa ciudad se dirigen a la escuela con la cabeza gacha, los ojos escudriñando la pantalla esclavista de sus móviles.  Yo lo veo todo a través de una ventana sucia de niebla, la ventana de un taxi onírico, fantasmal, tú vas a mi lado vistiendo pupi...

La revolución de los corrientes.

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David se levanta lleno de legañas a las 6 de la mañana. Desayuno, ducha rápida, beso a la mujer. Sale de su casa y andando, con frío o calor se dirige a su trabajo. Intenta ser puntual, disciplinado. David trabaja para una gran compañía que no valora su esfuerzo, aguanta a un jefe mediocre y patético, puesto en un despacho por ser hijo o sobrino de tal. David dice a todo que sí, finge un bienestar laboral que no tiene, no alza la voz, no le pagan las horas extra. De vuelta en casa, a veces a las 2 de la tarde, a veces a las 4, David conecta las noticias. En la tele salen unos trabajadores en huelga, que ganan en un mes lo que él en un año, voceando frases prefabricadas como "Ni un paso atrás", para exigir al gobierno unas condiciones laborales óptimas, digamos perfectas. Se le atraganta la comida. Frustración, remordimiento, puño apretado. La comida pasa por su esófago al igual que sus palabras, que nunca saldrán más allá de su boca. Él no es de manifestaciones, ni d...