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OJALÁ NO ME CONVIERTA EN ÉL.

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 El reloj marcaba las seis de la tarde cuando lo vi. Yo pasaba por uno de esos pueblos perdidos de Castilla, un pueblo con ruinas de monasterio, casas bajas y campanario medieval. Él estaba con sus amigos, las bicicletas apoyadas en la pared. Habían venido porque los rumores decían que las chavalas de aquí eran más liberales; siempre ocurre, las chicas que nos gustan están en el pueblo o la clase de al lado, por lo exótico supongo, o porque estamos hartos de ver la trenza de nuestra compañera de pupitre. El caso es que él ha salvado esos nueve kilómetros que separan el cielo y la tierra con su bicicleta blanca de propaganda, que a todo el mundo llama la atención, y está en territorio desconocido como un explorador en busca de tesoros polvorientos. Nadie sabe que están aquí, y la primera persona que encuentran es el cura del pueblo, al que saludan con un respeto antiguo. Mañana el cura, como buen acusador, pregonará en el pueblo que los chavales fueron en bicicleta al pueblo de al l...

11.

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  Once años de fracaso y depresión. De ser malo, antipático, desagradable. Once años sin libertad, atado a unas cadenas cortas e irrompibles. Once años con el alma destrozada, con desgarrones por todas partes, con la sonrisa trastocada, pagando la cuenta de un momento injusto. Once años cojo, roto, amargo, inservible para casi todo. Once años haciendo preguntas que nunca tendrán respuesta, señales invisibles que sólo devuelven soledad. Once años desorientado y fugitivo, mentiroso, desperfectos de una vida errática porque tú no estás. Once años en los que ha seguido saliendo el sol, insensible a tu despedida. O la luna, brillando con sus lágrimas oscuras y silenciosas en mi habitación. Once años sin lo más importante de mi vida. Once años echándote de menos. Ya está bien, ¿cuándo vas a aparecer de repente y acariciarme el pelo? Tengo tantas cosas que mostrarte. Acabaría mi dolor en el mismo segundo que te viera emerger entre la multitud. No tendrías que decir nada, ni siquiera te pr...

CONSEJOS, PELIGROSOS CONSEJOS

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Adora el brillo de la espada, el vértigo de quien hace las cosas mal, la poesía con sangre derramada. Sé el timonel que tiembla en el vendaval. Póstrate ante las malas decisiones, ante la noche turbia del neón, que el futuro no traerá soluciones, que para todos seguirás siendo una decepción. Pega fuerte si alguien se interpone en tu camino, habla sucio y contundente, di que no más veces. La vida es el mareo de un torbellino, lo demás son estupideces. Adelgaza como si la muerte fueran los pulsos de tu aorta, escupe el vino de la buena suerte. No importa lo que de verdad importa. Quema con químicos el dorso de tu mano, vuelve a meter los dados en el cubilete, aunque no fumes nunca llegarás a anciano así que deja de mirar las letras del paquete. Hunde las goletas del pasado, haz caso si te llama el desvarío, nunca te bastó con estar alineado, ni con dirigir tus pasos hacia el vacío. Por quedarte dentro de la muralla poniendo tus lagrimas en un pañuelo, ahora sólo tienes un campo de batall...

LA GUERRA DE LOS MUNDOS.

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Cuando Orson Wells radió la guerra de los mundos la población entró en pánico, todo el mundo tenía una radio.  A pesar del aviso “El Columbia B. Sistem y su red de estaciones asociadas tienen el agrado de presentar a Orson Wells y el programa de teatro Mercury en el aire, en la Guerra de los mundos, de H. G. Wells”, América creyó en una invasión extraterrestre. Con 23 años y un micrófono Orson Wells puso el país patas arriba. Los ciudadanos miraban temerosos el cielo oscuro desde sus ventanas, las comisarías colapsaron, así como los supermercados donde la gente se pegaba por conseguir la última lata de guisantes. Era 1938 y un locutor radiofónico contactaba con Carl Philips, su enviado especial en Grovers Mill, que estaba con un profesor dubitativo llamado Pierson en la granja Willmuth, donde había caído un meteorito procedente de Marte. Según él había árboles arrasados, quemaduras en la tierra por el impacto de un cilindro de unas treinta yardas. En todas las radios de América se ...

MORIR TRANQUILO.

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     En un agosto lejano fabriqué el blog por motivos que ya no recuerdo.     En este agosto de pandemia y mascarilla termino el libro que me ha atormentado tanto tiempo.     Durante años estuvo en mi ordenador con el título RELATO1, en esos años he vivido con el miedo a morir sin terminarlo. Mi pesadilla recurrente era que meses después de mi muerte alguien abría el ordenador y pinchaba sobre el icono para leer el borrador. Cuando terminaba otra persona aparecía en la habitación preguntando por el contenido del mismo. Si la pesadilla se tornaba amable el personaje que había leído decía: mucho porno. Cerraba el ordenador poniendo olvido de por miedo y lo cogía para venderlo y sacar unas monedas, o yo qué sé. Si la pesadilla se tornaba atroz la respuesta era: Mira, Marcos intentaba escribir algo. Los dos leían y señalaban la pantalla riéndose de mi mediocridad, entonces yo despertaba y me sentaba al borde de la cama, sudoroso, pensando quién c...

EL VADEMÉCUM DE LO QUE PERDÍ.

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Esta no es la embajada del reproche ni el vademécum de lo que perdí.           Matar las tardes.  Soy las cosas que he perdido:/ Un techo sin lámparas./ Una pintura en la habitación./ Los libros que no puedo pagar./ Un hotel en París con escaleras de madera./ La bicicleta de mi niñez, nunca he ido más rápido, que me dejó cicatrices en las rodillas./ Una ventana que tiembla al son del viento invernal./ El camino que no seguí por seguirte a ti./ Una juventud descarada de coche rojo./ Una nostalgia, no tanto por la juventud sino por el coche rojo./ El sueño de ser un escritor sabelotodo rumbo a Nueva York./ Las palabras que escribí, los versos que te dediqué./ El humo de mi boca./ La irresponsabilidad de aquel adolescente herido que un día fui./ Una noche sólo para ti y para mí./ Los amigos que ahora no encuentro y antes siempre estaban./ La carretera que desemboca en el sur./ Aquella chica que estaba loca por mí./ El sabor de sus besos./ Las oportunidade...

EL DÍA QUE NOS SALVÓ LA PLEBE

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El día dos de mayo de 1808 España sacó la navaja y las mujeres agarraron los cañones para defendernos. Una pescadera mató a un soldado francés con sus tijeras, la costurera de la esquina cosió heridas de rebelión. Las madres luchaban junto a sus hijos y una monja bendecía al pueblo desde el balcón. El día dos de mayo de 1808 los pobres salieron a la calle para morir, mientras los ricos miraban recelosos por sus ventanas. Todo era gris, todo era España. El día 2 de mayo de 1808 cuando el ejército francés disparaba contra gente desarmada, el Capitán Pedro Velarde dijo: vamos a batirnos contra los franceses, y abasteció de armas al pueblo. Luis Daoiz, también Capitán, frenaba con una batería de cuatro cañones el ataque de las tropas imperiales. A la hora de la rendición atravesó con su sable a un general francés por llamarlo traidor. La hija del panadero, Manuela Malasaña, llevaba pólvora al cuartel de Monteleón. Los tres murieron el día 2 de mayo de 18...