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Éxito y fracaso.

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Éxito. Una equis en un cuadrado, un trabajo bien remunerado. Mantenerte alejado del barranco, firmar un cheque en blanco. Una medalla de falso brillante, el chef que te sirve un bogavante. Tener la edad estipulada y una recomendación falsificada. Estar a la hora correcta en un lugar, saber qué coño o qué polla chupar. Dormir sobre una almohada mullida, un as que nunca pierde la partida. El camino sin baches ni esclavitud, la métrica del mar y su quietud. Nacer con suerte, con padrinos y dinero, no morir en París con aguacero. Fracaso. Un intento de atraco, de ser feliz, de mejorar, injustamente frustrados, claro está. Un traspiés recalcitrante con la única baldosa levantada del camino. Una falta de ortografía del escritor que publica pero no vende. El divorcio enconado que provoca una custodia mal compartida, darle coba a la desgastada suripanta que motivará dicho divorcio. Un eterno aprendiz, aspirante a nada. Una queja, porque la vida es una mi...

El día que vi a AMM.

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Paseaba yo un sábado por el Prado, con mi boca abierta de pueblerino, con una lágrima tonta en el ojal, maravillándome por todo, emocionado y sonriente, respirando el aire más puro que existe, como diría Dalí, el aire de las Meninas. Cuando en una sala manierista vi una figura de aspecto reconocible. Un hombre con pinta de profesor de instituto que pasaba desapercibido entre el gentío que sólo quiere fotografiar cuadros famosos. Lo vi, pasó a mi lado, era él. Me sorprendió su estatura, igual de alto que yo, siempre lo pensé un pelín más bajo. Vestía pantalón ocre, zapatos gastados, abrigo de un granate cansado con toques brillantes, el cuello de la camisa blanca le asomaba por encima de un jersey gris. Llevaba una mochila en bandolera, llena, supongo, de fútil propaganda, de lápices diminutos, de hojas escritas con las más hermosas palabras. Las manos me empezaron a temblar en los bolsillos de mi agujereado pantalón. Nadie excepto yo reparaba en su presencia. Esperaba, no sé, que l...

Noche de hotel.

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A veces, desempolvo mi vieja máquina de remembranzas y desencuentros para viajar al pasado, a uno de esos hoteles de escasa clientela que cambian de nombre, cada vez más extraño y extranjero, con reiteración. A medio camino entre el lujo y la decadencia. Somos jóvenes y nunca hemos dormido juntos. Ella ha escogido este hotel por cercanía, no sé la verdad, juntando los pocos ahorros que su paga de estudiante le permite. Ha juntado su escaso efectivo, como digo, para pasar una noche de hotel conmigo, y eso es algo que hoy, después de tantas noches de hotel, me conmueve.  Hay una mañana clara de sábado en el cielo cuando entramos por la puerta. El chico de recepción nos atiende solícito. Después de un breve papeleo nos dice que nuestra habitación es la 517. Al fondo del pasillo encontrarán los ascensores, quinta planta. No llevamos maletas, ni tenemos pinta de turistas ávidos por fotografiar la ciudad, ni mucho menos, tan sólo somos dos novios inexpertos que vienen a celebrar...

Quise pero no pude.

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“Qué artista muere conmigo” Nerón.  Quise transformar en oro el barro, beber vino lleno de poesía y virtud. Que una rubia encendiera mi cigarro sin mirar la advertencia a la salud. Quise recitar afónicos versos, devolverle el insulto al destino. Escribir sobre esos universos estocásticos de aire cervantino. Quise persuadir con falsas excusas a una dama con cara de drama. Soñar con eclécticas musas desnudas en la orilla de mi cama. Embriagarme en tabernas parisinas, recorrer el mundo de tu mano. Vestir de medallas las vitrinas y de laureles mi pelo tramontano. Quise para mí toda la dicha del firmamento, renunciar a esta etiqueta de fantoche, ser convertido en endeble monumento, escribir los versos más bellos esta noche. Pero no pude. A menudo la palabra escrita no posee demasiada utilidad; dar opacidad a unas ventanas, o tal vez, alimentar una hoguera. Conmover a través de un verso, cambiar escalofríos por literatura con buena sintaxis, son...

El Spleen de Córdoba.

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Una naranja caída sobre el césped un patio con flores y luz blanca unos gatos en un molino abandonado el quejido de un pobre pedigüeño confundiéndose en el aire con el sonido de las campanas y la voz apremiante del muecín. El té lento de media tarde que reconforta a los viajeros igual que el rumor del agua de las fuentes. Un jardín con olor a azahar una catedral de jueves y una mezquita silenciosa los baños de regentes higiénicos las correcciones por fin encontradas el cansancio de una libertad repentina la lluvia corriendo impune sobre piedras saqueadas sobre mis botas llenas de agujeros. Los Omeya y su rugoso mocárabe el judío errante contando dinares la ingeniería romana, joven y eterna, sobre un teatro de piedra y variedades. Una alfombra voladora, otra llena de polvo una biblioteca, una hoguera de versos. Entre Maimónides y la nariz de Góngora te espero debajo de un arco de herradura. Un califa que se pasea entre las mesas con su traje dos talla...

Noticias. Redes sociales. Anuncios.

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Noticias. Se manifiestan desnudas contra el patriarcado. Un hombre mata a su mujer con un cuchillo. El entrenador de fútbol cada vez más cuestionado por dejar a la estrella del equipo en el banquillo. Un joven americano entra en un instituto matando a tiros con su metralleta último modelo. La comunidad Cristiana viste negro luto por otro cura pedófilo, muerto ya de abuelo. La policía incauta catorce fardos de cocaína. El golem de Praga es visto quemando sinagogas. Un taxi choca contra una farola en Normandía, el conductor da positivo en alcohol y drogas. En huelga el pensamiento y los malabaristas. El político prófugo y su última declaración. Noticias absurdas, insistentes, pesimistas, que nos tocan los cojones a toda la población. Redes sociales. Otro meme de última hora que te hace reír, morritos de chonis con filtro y maquillaje. La aprendiz de modelo con su falso cachemir. El bohemio y las fotos de su nuevo tatuaje. Comentarios aduladores con fal...

Si tú no fueras tan yo. XXXII

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Te escribo esto porque siempre estás comunicando. Tan ocupado en tus asuntos que ni siquiera tienes tiempo de hablar conmigo. Ni en el azogue del espejo logro verte ya, o no logras verme tú a mí, según se mire. Ya sabía yo que acabaríamos perdiendo la comunicación.  No soy esa mala influencia que susurra perversidades al oído, sabes. Bueno, a veces sí, pero nada hiciste que los dos no quisiéramos. Excepto ahora, empeñado como estás en darme indiferencia, viviendo una vida banal y sinsentido, aburrida hasta la locura. Además, mis malos consejos hicieron que latiera ese corazón que tenemos a medias, cosa que ocurre con menos frecuencia cada vez. Estos días iguales, esta amargura sobreactuada, estos enfados constantes hacen de tu derrota una caída irrefrenable. Tal vez si dejaras que yo aflojara la soga de tu cuello. Podríamos irnos por esa carretera que tiene las piernas abiertas, llena de destinos inciertos y carteles que se iluminan en la noche, hacia el primer horizonte qu...