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SEGUIR ESCRIBIENDO.

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Hace un tiempito, no demasiado, los dueños de una famosa librería me pusieron en contacto con un “escritor” para que presentara uno de mis libros. Me dieron su número de teléfono y concertamos una cita, en la cual le regalé mis dos libros. El hombre, al que parecía que le regalasen libros todos los días, se limitó a darme un par de matices y me despachó con la promesa de un nuevo encuentro.  Al cabo de unos días recibí una llamada del escritor. Se había leído mis libros y, ¿adivinan? No les habían gustado lo más mínimo. Al principio me tanteó un poco con preguntas del tipo: qué nivel de estudio tienes, de dónde has sacado esa editorial, si los libros eran autopublicados, como no le gustaron mis respuestas sacó el rifle. Los tiempos verbales estaban mal, todos o casi todos, según él claro, los diálogos fatal, debía poner más señales para que el lector no se perdiera en una conversación de dos personajes, tampoco llegaba a una conclusión, cosa que le fastidió bastante. “Oiga, yo no e...

MEMORIAS DE UN COMERCIAL

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  La idea siempre estuvo ahí, desde la primera vez que me senté en una sala de reuniones y alguien me explicó cómo debía vender un producto a una persona que no necesitaba ese producto. Me imagino que a vosotros también os ha pasado, trabajar un oficio y decir: “esto da para escribir un libro”. Pues bien, yo he hecho realidad esa frase. Poco a poco fue tomando forma, cada día las situaciones se volvían más inverosímiles, los personajes más característicos, pero cuando la idea se volvió real fue en mi coche, mientras volvía a casa por la carretera de Terradillos. Se hacía de noche a mi derecha, el campo llano de Castilla en penumbra, la carretera recta y aburrida, y yo pensando en cómo podía haber dejado a mi familia para ir a casa de un cliente. El señor me llamó, no gritando como otros, pero sí se le notaba cierto fastidio en la voz, me explicó la tragedia: le habían instalado el router pero ahora no le funcionaba internet, y el servicio técnico no llegaría hasta el día siguiente,...

No nos queda otra.

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  Todavía queda mucho para tocar fondo.  ¿Qué? Dice él entre sollozos.  Hay personas que tienen malas cartas y en un alarde de optimismo imbécil quieren jugar con esas mismas cartas pensando que van a ganar. No arrojan las cartas a la mesa, ni siquiera pasan cuando es su turno, solamente juegan, juegan sin ocultar sus nervios y sus mohínes, dando largos tragos a su bebida cada vez que pueden. Es tu caso, es nuestro caso. Y los faroles al destino suelen acabar mal.  Es un milagro que estés vivo. Has sobrevivido a cosas que otros nunca lo harían. Sobreviviste a tantas puñaladas, puñaladas de gente cercana que no viste venir. Aquél que debería haberte cuidado envenenó tu vaso, y aquella que tenía veneno en la sangre te cuidó lo mejor que pudo, que fue mucho, llevándote sano y salvo hasta el número 23.  Creías que podías aguantar todo el fracaso de este mundo, pero en temas de derrota hasta tú tienes un límite. Ya no te ríes tanto cuando pierdes. Ya no enseñas tu bo...

CUIDADO.

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Hay un personaje en la temporada 1 de Fargo, Lou Solverson, un tipo que regenta una de esas cafeterías americanas donde la clientela come hamburguesas mientras sorben espesos batidos con pajita.  Lou fue policía y camina arrastrando una pierna, posiblemente por una bala perdida o por la mala puntería de algún criminal. Nunca lo sabemos.  Lou habla poco.  En el pueblo en que habita están ocurriendo una serie de fenómenos extraños: crímenes horrendos y misteriosos. A la cafetería de Lou han llegado asesinos implacables de la mafia de Fargo. Lou los mira con esa mirada que lo ha visto todo mientras les sirve tarta recién hecha.  Una tarde se abre con uno de estos mafiosos, el peor, Lorne Malvo, y le dice que hace mucho tuvo un caso en Sioux Falls, el más sangriento de su carrera. ¿Hubo cadáveres? Si los amontonaran llegarían a un segundo piso, responde el camarero sin soltar la jarra del café.  Lou se pasa toda la serie diciendo “cuidado, yo tuve un caso parecido ...

AGAIN.

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  Así que lo seguí intentando, lo seguí intentando.  Cuando todo apuntaba  a una más que segura muerte prematura.  Cuando mi brújula no conocía norte  y el barco se hundía, y los vientos empujaban en dirección a la catarata.  Cuando más crudo fue el fracaso, cuando en la bola del adivino aparecieron nubes de tormenta.  Al borde del jaque mate, con la manga libre de ases y una tristeza que hizo  desbordar mis lagrimas.  Sin red, sin poesía, sin salida, agotado ya el tiempo  de las oportunidades.  Cuando con las rodillas peladas volví a caer.  No tenía otra salida, nunca la tuve.  Así que lo seguí intentando.  Lo sigo intentando.      Marcos H. Herrero.

ESCRIBIR UNA PRIMERA NOVELA Y II.

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  Cuando estoy deprimido y las cosas no funcionan, literariamente hablando, veo un vídeo de Alan Moore en el que da unos consejos a los nuevos escritores. El tipo ese de la barba, que podría haber cobrado una millonada por los derechos de la máscara de V de Vendetta y que pasó del dinero (entregándoselo a las grandes multinacionales), dice que los nuevos escritores no vamos a vivir de la letra, que él es un caso especial, y que por eso debemos trabajar en lo que nos gusta, tratar a la escritura cuál diosa repentina capaz de concedernos más de tres deseos, que nos olvidemos del dinero, que escribamos y nos esforcemos lo mejor que sepamos. Y yo me pregunto: ¿qué hay del éxito?  He visto la cara de decepción en mis familiares y amigos cuando les dije el número de ejemplares vendidos en un año, he aguantado críticas negativas de gente que parece que vota películas en filmaffinity, el “me ha gustado, PERO..”, he dado las gracias a personas que me han felicitado por escribir un libr...

ESCRIBIR UNA PRIMERA NOVELA Y EL RUIDO QUE NOS SEPARA.

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Escribir una primera novela cuesta. Es un proceso doloroso lleno de dudas y obstáculos, y como todo en la vida hay dos maneras de afrontarlo: una, la manera fácil, otra, la manera difícil.  Los pasos a seguir de la primera son sencillos, sólo tienes que mirar a tu alrededor y preguntarte: ¿qué le gusta a la mayoría, qué consume el lector casual, qué novelas son las más vendidas? A partir de las respuestas, el siguiente paso es copiar la moda: un cadaver hallado en circunstancias grotescas, el secuestro de una niña pequeña, una detective fracasada que se empeña en resolver el caso de su vida, capítulos cortos para que el lector no se canse y pueda consultar su móvil de vez en cuando, secretos, misterios absurdos, tampoco hace falta seguir las leyes de Newton, y después de todo esto, aunque no hayas leído un libro en tu vida, tendrás éxito.  Desde luego que escribir sobre Herman Menville es un terrible error, ahí está lo más visto en Netflix para corroborarlo.  El segundo c...

SI YO MURIERA MAÑANA.

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Colgado del Álamo de la plaza del pueblo. Tiroteado entre dos coches. Cayendo despacio por el precipicio al que tantas veces me asomé. Con el cianuro de mi muela postiza abrasando mi deteriorada alma. En una cama de hospital, con los pulmones negros de fracaso. Devorado por una caterva de zombies hambrientos. Con la cabeza separada del cuerpo y las manos pidiendo clemencia. En una calle de Boston, cirrótico, tal vez, abandonado, eso seguro. Cuando mi sístole no responda a mi diástole. El mundo seguirá rodando, ajeno a mi adiós definitivo.      Marcos H. Herrero.

HUIDA.

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He vuelto a soñar con el coche rojo. Me subía en él de nuevo, aceleraba, la velocidad volvía borroso el paisaje. Era una especie de robo, porque hasta en sueños soy consciente de las cosas que no son mías, de las cosas que perdí, de las cosas que nunca volverán. Llegué a un lugar reconocible, el sol filtrándose entre unas nubes de tormenta, la plaza de aparcamiento, el grifo goteando momentos de infravalorada libertad. Una noche me acogía en su resplandor selénico, los vasos llenos de absurda irresponsabilidad. Entonces lo supe, de tanto acelerar había vuelto al pasado. Alguien sin cara se acercó a mí para recitar la frase con la que acaban todos mis sueños: no lo habrás hecho muy bien cuando lo único que quieres es huir. Y otra mañana sin acelerador, de paisaje lento, casi apático, de coches oscuros en la acera, de días perdidos e iguales, de noches con sueños de liberación.            Marcos H. Herrero.

SOBREVIVIR.

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No han salido las cosas como quería. Casi nunca lo hacen. El dolor se impone como las sombras que habitan las paredes de los castillos encantados.  Llegados a este punto lo mejor es vivir la derrota, acariciarla, no renegar de ella, disfrutar del vértigo de esta montaña rusa que sólo tiene cuestas abajo.  Fragilidad, esa sería la palabra de este año. Saber que tu vida puede cambiar en cualquier mínimo detalle: un estornudo, una tos, un par de equis en las casillas adecuadas. Tu vida depende de la raya roja de un test de antígenos, y eso, es demasiada inconsistencia.  No recuerdo un año tan mundano, tan alejado de la poesía. Hago balance y han sido muy pocos los versos que he leído. A medida que pasa el tiempo se van borrando de mi memoria las palabras que alumbraban los caminos oscuros por los que transito, ya ni siquiera logro recitar un poema como antes.  Es una buena metáfora, siempre la cuento cuando alguien me pregunta: Estoy en medio de un mar tormentoso, alta ...

HOSTIAS EN SENTIDO CONTRARIO.

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Voy a la gasolinera antes de ir a trabajar, es temprano, el sol comienza a despuntar evaporando la escarcha de una noche de octubre.   Lleno de 95, por favor.  Cuando el empleado coge la manguera del surtidor, veo en el marcador que por cada litro de combustible tengo que pagar 1,50 euros. El depósito aún no se ha llenado cuando le digo que pare. Los números sobrepasan los 50 euros. Es demasiado.  ¿No hay nadie que se queje por los precios? Le digo al dependiente.  Me contesta que no, aunque cree que son abusivos. Hace un año me sobraba con un billete de 50 para llenar el depósito, hoy la aguja ni se acerca al máximo con ese billete. Hace un año mi sueldo era el mismo que el que tengo hoy.  Antes de despedirme, el dependiente me dice que la gasolina está cara pero que lo que sobrepasa los límites es el precio de la luz, e intenta venderme un contrato de luz en nombre de la empresa de gasolina.  Cuando termino de trabajar voy al supermercado. Lleno el c...

ADIOS VERANO.

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  Antes de la llegada del verano, allá por mayo y durante muchos años, siempre me prometo que este será el verano de mi vida, que descansaré y me iré de vacaciones, que comeré bien, que dedicaré tiempo para mí.  Luego la cosa se complica.  Desde los veranos de mi no tan despreocupada niñez, creo que no tengo un verano realmente feliz, siempre ocurre algo, no sé, he de trabajar más de la cuenta, problemas familiares, apuros económicos, un bache, una zancadilla, en fin, lo de todos los años. Y lo digo ahora que se acaba uno de los veranos más importantes de mi vida, quejarme sería un sacrilegio. Pero me retrotraigo a los veranos que pasé en el pueblo, lejos de todo y de todos, en los que mi única preocupación era mantener firme el manillar de mi bicicleta para no chocar y rasparme las rodillas. Si la falda de una niña me despistaba y caía de mi bicicleta, siempre estabas tú para curarme las heridas. Ahora, lo que tengo que mantener firme es el timón de mi vida, las caídas d...

LO QUE VEO MIENTRAS ESCRIBO.

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        Hay un tipo vestido de negro que fuma apoyado en la pared, está despeinado y tiene una mano en el bolsillo, yo diría que espera a alguien o tal vez sólo piense en los amores pretéritos que al igual que el viento de hoy le dejaron el pelo revuelto. Una pareja mira el escaparate de la librería que tengo a mi derecha, él señala el cristal con el dedo índice de la mano izquierda, ella apoya con suavidad la mano en el escaparate mientras flexiona una rodilla en una actitud trémula por el frío, o por los libros que quiere tener, qué sé yo. Dos chicos observan desde una ventana, el primero sostiene una taza de café, logro distinguir una sonrisa entre su barba, el segundo le sonríe a mi mirada. La torre Eiffel al fondo, difuminada por la luz de la mañana. Un perro olisquea la esquina del edificio que queda a mi izquierda, en el primer piso hay un gato, negro y diminuto, mofándose de los perros y sus dueños, esclavos de horarios y correas, ignorantes de los beneficios...

ÉMULOS Y FANTASMAS.

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 Querido futuro lector/a.  ¿Cómo convencerte de que gastes 16 euros en mi libro y además lo leas? Cuando un amigo tuyo o un conocido abre un negocio en el barrio, una frutería pongamos por caso, tú vas a comprar la fruta a ese negocio, por ayudarlo y no dar el dinero a una gran superficie extranjera. Sí, ya sé que en el Carrefour trabaja mucha gente, pero créeme que están más protegidos que un autónomo que empieza en el mundo empresarial. El frutero de tu barrio se la ha jugado montando un negocio para sobrevivir, paga renta, impuestos, seguros sociales, autónomos, e incluso puede contratar a alguien para que lo ayude en sus tareas. Si tú no compras en la frutería pequeña de tu barrio, el negocio echará el cierre, en cambio si no compras en el Carrefour, el Carrefour seguirá estando allí, porque es una gran superficie y siempre tiene clientes, es inevitable.  En la Literatura pasa lo mismo. Apoyando al escritor de tu barrio harás que se haga fuerte, que siga escribiendo, ...

UN LIBRO DE LA ESTANTERÍA.

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        Estoy en un barco, navegando por los confines de este mundo, busco una ballena blanca que me muestre el éxito de mi escritura. Cruzo el puente sobre el Drina chocando mi hombro con moros, cristianos y judíos. Las habitaciones del hotel de los inválidos de Paris son amplias y tienen corredores hermosos, lo sé porque he estado allí con Phillippe Lançon y su cirujana Chloé. Viví en un mundo de excesos con Walter Arias, aprendiendo que la vida no es más que una sucesión de fracasos elegidos. Sobre la belleza y la locura conversé con la madre de Delphine de Vigan, estábamos en una reunión familiar, ella fumaba, echando el humo en la cara de la muerte. Oigo el timbre de Robert Neville cuando su mujer muerta quiere regresar a casa. Paseo con Cellini por Florencia, él me habla de dos chicas que pasarán por aquí muy pronto, una es pintora a sueldo de una plaza, la otra tiene los ojos de Medusa. Soy un niño que lee en clase escondiendo su libro favorito bajo el pupitre...

VAGAR POR EL DESIERTO.

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 Te levantas, te duchas, te cepillas los dientes, desayunas, abres Facebook, ves las noticias, las fotos de tu vecino que ayer hizo una fiesta, sientes envidia, 13 niños han muerto bombardeados en Palestina, un meme divertido, un vídeo del programa que te perdiste anoche, unos cuantos anuncios basados en lo que buscas por la red, cierras Facebook y te vas a trabajar. Cuando vuelves estás cansado, hablas lo justo con tu familia, comes algo, chateas con tu amigo, quizá un cotilleo, quizá una discusión sobre política apoyada en noticias falsas, quizá una foto que muestre tus manipulados ideales, ha sido un día de mierda así que te pones a ver el catálogo de Netflix, media hora después te duermes con el mando de la mano.  Y sí, han asesinado a 13 niños en Palestina, pero a quién le importa ¿verdad? Están lejos, muy lejos, sólo podemos opinar sin tener el más mínimo conocimiento de lo que ocurre en aquel país lejano y hostil, opiniones contrastadas y vehementes las nuestras, eso sí...

BAUDELAIRE.

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         Lo he visto muchas veces caminando por las anchas calles de Paris, recién reformadas por el barón Haussmann para corregir lepra y malos olores, camina muy deprisa, huérfano de padre, maldiciendo, fijándose en todo. Lo veo esquivar carruajes para entrar en los prostíbulos, febril y desalmado, solo, las botas llenas de barro, perseguido por acreedores sin alma, por enfermedades endémicas. Lo veo preocupado por las prostitutas, por los gatos, por un asno que pasa, por la métrica de un poema, su mirada atraviesa las paredes de cualquier religión, sus palabras cambiarán la Literatura para siempre, él bien lo sabe, y sabe también que vive en el mundo y la época equivocadas. Traduce a Edgar Allan Poe, yo lo he visto más de un millón de veces, se siente fascinado por el escritor que al otro lado del Océano corre con la misma suerte que él, siente que están conectados de algún modo. Como yo ahora mientras escribo estas palabras. Lo he visto y lo veré hasta que m...

TRES REFLEXIONES POR LOS AÑOS DE TU PULSERA.

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I. Si pudiera dar cuerda hacia atrás a los años que cargas en esa pulsera, pondría algunos viajes, una casa perdida en ninguna parte, un paseo lento, una calle cuesta abajo, un restaurante, un verso, más silencio quizás. Desde luego no elegiría un futuro tan devastador, tan cuestionable. Echo de menos el tacto de los días sencillos, esas cosas que aprendí a tu lado: la preocupación de elegir una película en el videoclub, o darle esquinazo al jardinero del botánico que siempre nos sorprendía con sus llaves. No acelerar demasiado cuando ibas en mi coche, no contaminarte con mi niebla de rueda gastada, con mi falta de deseos, ya extinta, también con esas penas que si no fuera por mí jamás habrías conocido. Hoy las cosas no son sencillas y queman la piel al tocarlas. Menos mal que siempre estás tú, cicatrizando mis heridas, cambiando mis planes. II. Tarde, como siempre, aparecí en aquella discoteca con un pequeño regalo que cargué toda la noche, te lo di en la oscuridad, borracho, de madru...

SI TÚ NO FUERAS TAN YO. TENÍAS RAZÓN EN TODO. XXXV

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     Hace mucho que no hablamos. Prometí no volver a hablar contigo, o al menos no volver a escribir sobre ello, pero te necesito. Necesito de tu arrogancia, de tu mal hablar. Quiero gritar, ser contestatario, dar un puñetazo, llorar entre las deformidades de tu cuerpo. He estado observándome y lo único que te puedo decir es el título de la última canción del último álbum de Bunbury: Tenias razón en todo . Me he convertido en uno más, uno de tantos, tan predecible que cualquiera podría adivinar mi siguiente paso. Voy callando y tragando, aceptando todos los escollos de la vida. Me parezco a los demás y yo antes no era así, no era así porque te tenía. Tenía un verso, un pequeño párrafo mal escrito que me hacía feliz. Ahora llego cansado a escribir, eso si llego, harto de todo, sin ganas, apático, con el peso de mundos imaginarios en mis hombros. Me falta suerte, o eso creo, porque cualquiera en mi situación diría que soy un suertudo, por eso no apareces en el espejo, odias...

REMO Y BRÚJULA.

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  De todo el delirio que estamos viviendo lo que más miedo me da es el cambio que está experimentando la ciudad. Este año se lo ha llevado casi todo, el maquillaje de las calles y los edificios, las luces de los escaparates, la gracia, digamos, de esta ciudad. Normalmente la metamorfosis es gradual, al igual que la vida, el deterioro o la vejez asoman despacio, por mucho que nos empeñemos en lo contrario. Hasta hace poco podías caminar por la calle y decirle a tu acompañante: Mira, ahí estaba la guardería a la que fui de pequeño, y señalar un local abierto, una zapatería o un bar, qué se yo, el negocio que sigue vivo después de ser guardería en un periodo de 20 o 30 años. Hoy nadie puede hacer eso, los negocios cambian a la velocidad de la luz, y el 2020 se ha encargado de acelerar el proceso con su rayo de ruina y destrucción. Locales vacíos y en casi todos los escaparates el cartel de Se Vende o Se Alquila. Donde antes había un negocio ahora hay una cristalera vacía, más allá pol...